domingo, 5 de abril de 2009

Cuando la noche es más negra es cuando comienza el día

De vuelta, después de cuatro noches sin dormir como en mi cama, un poco de diversidad, del aire, de las comidas, de las voces y rostros tan normales como extraños.

De vuelta a mi pequeño y gran mundo onírico, cuando he despertado dentro de un sueño, me descubrí en un beso, en los labios de él.

De vuelta a esta espera, espera de qué...

Tal vez de que a mi corazón se le agoten toda magia, toda esperanza, toda ilusión y siga como antes , nada más por seguir latiendo.

Y se suman mis cuestionamientos en lo que a mi trabajo concierne. Porque las personas a diario utilizan sus máscaras, y bailan al compás de una melodía que no les apasiona, pero los mantiene.


Y yo que creía que formaba parte de ese baile, pero en una cultura hedonista de logros y exterioridades, que valora sólo lo periférico y superficial de lo humano: el éxito, el confort, el placer y los bienes materiales, qué hago yo priorizando las emociones, liderando bien o mal, me he sentido mayormente feliz sin haberme preocupado antes del éxito.

No acostumbro a los viajes en bus, en eso reconozco mi grado de burguesía, gusto de viajar en avión, cuando se trata de pega sobretodo, ya que un viaje demanda postura de estatua, buscando la mejor y creativa postura, para que mis huesos, músculos, y todas mis extremidades no se resientan, aún tengo la pesadez en mis piernas, hinchadas menos que ayer.


Pronto viene el almuerzo familiar, quise antes hablar y escucharme, sacar un poco esta impotencia, mañana vuelvo al trabajo, vuelvo si quiero sin máscara o bien ya con una armadura, que por fuera me endurece y tan dentro me debilita, porque yo no soy esa, que tiene que encubrirse.


Podría ser que mi lugar es otro?

Aquella propuesta de ir armando un negocio?

Cuántas veces me he dicho a mi misma que no tengo pasta para los negocios, me he negado la posibilidad, es que nunca me he arriesgado y si fuera a caso ese mi lugar, al lado de un pequeño, pero gran empresario. Grande es su corazón, hasta hoy me lo manifiestan sus actitudes.


Pero hasta hoy no es lo que quiero, con esa pasión que me lleva hacia otros lugares, recuerdos y momentos tan intensos. Pero debo ser honesta y tampoco he cerrado la posibilidad, pero no se trata de un simple negocio.

Es mi vida.
Y al comenzar Semana Santa, vuelvo sutilmente a reflexionar respecto del sentido de mi vida, de mi identidad y compromisos, de lo que me identifica y me compromete.
Si un compromiso te vitaliza el alma, moviliza el corazón, orienta el tiempo, las relaciones y discrimina entre tanta oportunidad abierta en este mundo tan abierto. Entonces una vida de compromiso incondicional es plena, porque llena la vida, no te sobra tiempo, no te aburres...quizás por eso siento un sin sentido, porque nunca me he comprometido?
Algo pasa con mi vida, hay un cruce de variables, lo sentimental, lo laboral, están ahí.
Y porqué esperar a Semana Santa, es sólo coincidencia. Yo no elijo pensar, tampoco llorar, son experiencias internas, difusas y viscerales.


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