domingo, 5 de abril de 2009

Lo que se se transforma, no muere

Cuando llegó la luz del día lo que ella buscaba, ya no existía, es más su ser también se transformó si darse ella cuenta...
Tampoco vió sus manos de dedos largos y afinados, con asombro no esperó tocar sus pies, cómo y con qué?
Sabía que a este mundo no pertenecía, pero no esperaba que cualquier día su existencia cambiaría tan abruptamente, si sólo alcanzó a vivir cuatro días tal vez fueron cuatro horas, su medida en tiempo tampoco existía.
Sólo vivía.
Sin alas, sin ruta, sin medidas, y ya sin miedos escuchó algo en su interior, algo que nunca antes había oído con tanta atención, pues con sus manos y pies le sobraba entretención, y escuchar no era lo mejor. Pero como todo cambió, ya sin alas para volar, buscó nueva entretención, en lo que se había convertido entonces. Latidos de corazón que en un nuevo ser vivió, dentro de las entrañas de cualquier mujer, que ella jamás eligió.
De fuego parecían sus costados, un Alma había llegado y los latidos transformado, a diferencia de su mundo anterior, es que aquí permanecería atada a cuantas sensaciones humanas, antojadizas y extremadas.
Cuánta compasión me despertaba su nueva existencia, su verdadera y última existencia. Sólo a veces un impulso de lo que fue su antiguo pasar, le hizo volar, ya sin alas claro está. Y es cuando más fuerte aquel corazón palpitaba.

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