jueves, 25 de septiembre de 2014

Brisa primaveral

Insistes en que no he escrito....Y si no escribo, es porque a veces sólo son letras crudas, que vienen a recordar la génesis de mi memoria, de cuando se tiene memoria, las de una mujer hecha. Y si no escribo, es porque mis letras son opacas como lo es la realidad tantas veces....Hay días en que escribo lo que aflora de mi alma enamorada, y que no es crudo, es amoroso, sin embargo como la brisa primaveral, pasa un instante y esta vena romántica se entrelaza con la cruda realidad....Que es esta soledad, en la que es fácil transitar de un extrema alegría, o de una lujuria divina, al llanto incomprensible de un corazón solitario.....

domingo, 6 de abril de 2014

Parte II Como el Amor de su Vida


Corrían los primeros días del milenio, con un esperado "invierno de verano", lo que son las lluvias torrenciales del altiplano, en la precordillera de la zona norte; aguas benditas que humedecen el desierto a lo menos una vez en el año, para despertar así a las más hermosas y extrañas flores del desierto, estas no se dejan acariciar, por nada! Y si logras arrancar de su habitat mueren inmediatamente, no hay caso, aunque los trasplantes pareciesen fructiferos no es así, la flor está seca por dentro. Extraña flor del desierto, sólo puedes apreciar su verdadera belleza de lejos.
Una de aquellas tardes de cielo nublado y fresco viento precordillerano, Mariadna disfruta a la orilla del río una pausa de aquel paseo romántico, romántico porque iba al lado de su amor, aquel hombre de estatura y corpulencia noble, algo que lo convertía en un ser sumamente atractivo, su calvicie a tan temprana edad, y su voz ronca, profunda e inteligente, una voz inteligente es la que sabe decirte las palabras precisas y en el tono soñado...cuando son palabras tiernas parecen del alma enamorada, cuando fueron palabras duras, parecían del alma quebrantada....Aquel hombre que vino a ocupar el puesto de su ausente padre, aunque ausente dejó la huella entonces de su protección vestida de egoísmo, celos y algo más. Era entonces el lugar adecuado, para aquel ser que venía de otras tierra, con otra crianza,con muchas ganas de cuidar, de proteger, de amar,....a su manera.
Ella buscaba protección, sin buscarla, como siempre siempre se lo ha autoreafirmado, y encontró al ser indicado, aquella noche en que sus ojos alucinaron al verlo entrar con una lata de bebida en la mano, eso ya era excelente señal, él no bebía alcohol, ideal entonces....y luego al verlo socializar con una de sus amigas en aquel lugar de música estruendosa, Mariadna sólo lo observaba mientras él se dejaba observar, cada gesto, cada  movimiento a ella le parecían atractivos, creo que se enamoró inmediatamente. En tanto él, como cualquier hombre esperó un poco a mirar más allá de su vestido, el que dejaba ver un par de piernas desde la rodilla hacia abajo, lo que posteriormente el confesó le había gustado en demasia, las piernas de Mariadna.
Fueron 2 meses de intensa relación, una relación llamada "pololeo" de tarde en un café conversando, mirándose a los ojos, coqueteándose mutuamente, tardes caminando por el parque, estrechando sus manos y cuerpos, casi frotándolos al desperdirse....era tan bonito y tan real.Siendo inmensa la atracción, que solo anhelaban vivir juntos, por sobre cualquier impedimento, formar una familia.... y hacer el amor por siempre.

jueves, 6 de febrero de 2014

Entre cartas, postales y tarjetas....Parte I

Sin hijos en común, sin anillo de compromiso, sin promesas que cumplir, literalmente sin ataduras, sólo el vínculo inasible de un sentimiento que perdura, que no se agota, y que como las estaciones del tiempo fue menguando, apaciguándose, descansando, reavivándose....Comenzó en la primavera del año 1989, cuando el fulgor de la democracia en el país aún se sentía en las venas, todo era más "libre" sin serlo en realidad, la primavera trae consigo la celebración de fiestas patrias, y ese fue el comienzo de una verdadera fiesta en casa de sus padres. Que sin ellos, por estar de vacaciones en Salta, ciudad del país hermano, que tanto adoraba el padre, fue literalmente "tomada". Por esos tiempos Alfonso, el hermano menor estudiaba en un liceo nocturno, y Mariadna disfrutaba de su primer trabajo como Educadora recién egresada.Y su trabajo era como un "juego" le fascinaba rodearse de los pequeños, unos 10 máximo en cada jornada de trabajo, de los cuales era responsable amorosamente, los disfrutaba como si fuesen sus hijos...Quizás se trataba de una sola alma, la de aquel hijo que Mariadna vió caer desde sus entrañas y luego de asegurarse de lo que era (un feto, su hijo o hija....) lo dejó ir por el sanitario.
De aquella relación, a la que se aferraba como siempre buscando el cariño, la comprensión, la dulzura, que entonces en su familia no era posible sentir, por las tantas demostraciones del  machismo y fallido amor de su padre alcohólico y de su hermosa madre (invisibilizada, humillada,golpeada, abusada). Pero aún así Mariadna adoraba a su padre, y también le temía. Fue en una oportunidad de aquellas experiencias en que el miedo se apoderaba de todo el ser, y de su figura femenina, entonces delicada, pero con una armadura de mirada desafiante, y a la vez  baja, de palabras duras y a la vez sumisa, era todo en ella, aquella niña-mujer que se había revelado al irse de la casa sólo por razones familiares, la de estudiar en la universidad de otro modo nunca se hubiese ido.Aquella vez se orinó de miedo mientras lavaba la loza, acto que como inercia, siempre desarrollaba, para mantenerse ocupada si no estaba en su trabajo, estaba en la casa haciendo algo, para ayudar a su madre.Fue esa noche en otro de los desvelos familiares, producto de una riña familiar, no propiamente riña, las malas palabras, los insultos, los escupos, y los golpes sólo venían desde el padre.Mariadna oraba mientras sus manos resbaladizadas sujetaban los platos, no fuera a quebrarse alguno.Ese instante de oración, de súplica hacia el cielo, para que de un milagro aquella noche su padre cesara el show que estaba haciendo en su habitación, lo imaginaba, porque no se atrevía de ir a cersiorarse de que estaba acostado con el dorso desnudo, ebrio a más no poder, gritando las palabras más ofensivas que nunca creyó volvería escuchar, y sí, si las escuchó años más tarde, esta vez dirigidas a ella misma, de la boca de quien creía a pie junto, era el amor de su vida.