jueves, 6 de febrero de 2014

Entre cartas, postales y tarjetas....Parte I

Sin hijos en común, sin anillo de compromiso, sin promesas que cumplir, literalmente sin ataduras, sólo el vínculo inasible de un sentimiento que perdura, que no se agota, y que como las estaciones del tiempo fue menguando, apaciguándose, descansando, reavivándose....Comenzó en la primavera del año 1989, cuando el fulgor de la democracia en el país aún se sentía en las venas, todo era más "libre" sin serlo en realidad, la primavera trae consigo la celebración de fiestas patrias, y ese fue el comienzo de una verdadera fiesta en casa de sus padres. Que sin ellos, por estar de vacaciones en Salta, ciudad del país hermano, que tanto adoraba el padre, fue literalmente "tomada". Por esos tiempos Alfonso, el hermano menor estudiaba en un liceo nocturno, y Mariadna disfrutaba de su primer trabajo como Educadora recién egresada.Y su trabajo era como un "juego" le fascinaba rodearse de los pequeños, unos 10 máximo en cada jornada de trabajo, de los cuales era responsable amorosamente, los disfrutaba como si fuesen sus hijos...Quizás se trataba de una sola alma, la de aquel hijo que Mariadna vió caer desde sus entrañas y luego de asegurarse de lo que era (un feto, su hijo o hija....) lo dejó ir por el sanitario.
De aquella relación, a la que se aferraba como siempre buscando el cariño, la comprensión, la dulzura, que entonces en su familia no era posible sentir, por las tantas demostraciones del  machismo y fallido amor de su padre alcohólico y de su hermosa madre (invisibilizada, humillada,golpeada, abusada). Pero aún así Mariadna adoraba a su padre, y también le temía. Fue en una oportunidad de aquellas experiencias en que el miedo se apoderaba de todo el ser, y de su figura femenina, entonces delicada, pero con una armadura de mirada desafiante, y a la vez  baja, de palabras duras y a la vez sumisa, era todo en ella, aquella niña-mujer que se había revelado al irse de la casa sólo por razones familiares, la de estudiar en la universidad de otro modo nunca se hubiese ido.Aquella vez se orinó de miedo mientras lavaba la loza, acto que como inercia, siempre desarrollaba, para mantenerse ocupada si no estaba en su trabajo, estaba en la casa haciendo algo, para ayudar a su madre.Fue esa noche en otro de los desvelos familiares, producto de una riña familiar, no propiamente riña, las malas palabras, los insultos, los escupos, y los golpes sólo venían desde el padre.Mariadna oraba mientras sus manos resbaladizadas sujetaban los platos, no fuera a quebrarse alguno.Ese instante de oración, de súplica hacia el cielo, para que de un milagro aquella noche su padre cesara el show que estaba haciendo en su habitación, lo imaginaba, porque no se atrevía de ir a cersiorarse de que estaba acostado con el dorso desnudo, ebrio a más no poder, gritando las palabras más ofensivas que nunca creyó volvería escuchar, y sí, si las escuchó años más tarde, esta vez dirigidas a ella misma, de la boca de quien creía a pie junto, era el amor de su vida.